viernes, 3 de abril de 2015

Un encuentro Casual

By: imagenes On: 10:08
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  • Un encuentro Casual

    Esta carretera que no termina nunca, interminable culebra que sube y baja por colinas y valles, es una interminable lengua de asfalto que se proyecta al infinito, contorneada por interminables hileras de pinos y abetos; de vez en cuando, aparece una finca o un pueblo lejano, olvidados por el tiempo, que forman un monótono paisaje, verde y gris.
    Esta mañana, como todos los Lunes en el verano, voy conduciendo, medio dormido, a lo largo de sus rectas y curvas interminables. Estoy regresando del campo en el que mi mujer e hijos acostumbran pasar sus vacaciones. Los kilómetros pasan por mi parabrisas en forma de árboles y granjas en movimiento, el climatizador de mi Honda trata de lograr una temperatura casi aceptable; un “CD” me entretiene con la música de Eric Clapton y su guitarra.
    Al salir de una curva algo llamó mi atención; un auto parado, en un lado del camino, con una llanta vacía. Reduzco la velocidad, su pasajera, apoyada en él, con aire desesperado, mirando la llanta desinflada; en un instante decidí detenerme y prestar ayuda.
    No soy de los que paran en carretera para auxiliar al primero que haga una señal, más bien siempre digo que no es bueno detenerse, puede ser peligroso, y si no lo es, lo meno que puede pasar es una enorme pérdida de tiempo con un desconocido; por costumbre acelero y me hago el que no vio. Esta vez algo hizo que me detuviera, a lo mejor  fue la cara de angustia de la infortunada pasajera, o las formas de su cuerpo nada despreciable. Vestía una blusa blanca, sobre una falda beige muy ceñida, que resaltaba un busto firme y sólido, el pelo negro, liso, suelto sobre los hombros servía de marco a una espléndida cara con ojos oscuros intensos y labios húmedos, ligeramente coloreados.
    –¿Hola necesitas ayuda?
    – Creo que sí, estoy desesperada no sé qué hacer.
    – Una llanta vacía no es tan grave, deja que yo la cambie.
    – Este es el problema, la de repuesto tampoco tiene aire, no tengo idea de lo que puede haber pasado, probablemente fue mi hijo, en una  de las veces que ha usado el auto.
    – La solución es que cerremos el vehículo y te llevo a la estación de servicio más cercana, creo que hay una como en 40 Km. de distancia; algún mecánico podrá venir con una grúa y retirar el auto para a reparar las llantas.
    – Gracias te agradezco mucho, no quisiera molestar.
    – Vamos ninguna molestia la estación está en el camino; permite que me presente, Alberto para servirte – Encantada, Dana. Te agradezco la ayuda.
    – Ven sube al auto yo paso tus cosas en el maletero.
    En cuanto puse en movimiento el coche, ella inició a hablar. Me conto que vivía en la ciudad, yo le narré de mi familia en el campo y de los viajes que hacia todos los fines de semana para estar con ellos, hablamos sin interrupción de cuanta cosa se nos ocurriera, de vez en cuando la miraba, veía como la falda dejaba descubiertas unas rodillas encantadoras en unas piernas firmes.  El movimiento del auto o de sus piernas subió  un poco más la falda, dejando para mi ávida mirada, unos centímetros más su de piel aterciopelada.
    –Mandaré mi hijo a recoger el auto al taller mecánico, mi marido es de esos hombres de negocios que vive entre un viaje y una conferencia, alguna vez por accidente, recuerda tener una familia y pasa unos días con nosotros, pero eso si siempre pegado del celular, del teléfono o del Fax; está firmemente convencido que sin su presencia el mundo no podría rodar.
    – Soy más tranquilo –Dije riéndome – Es cierto que algunas veces también viajo por trabajo, pero la mayor parte de mi tiempo soy un animal sedentario.
    – ¿Tu familia?
    – Hijos e hijas casados, mi mujer muy atareada: con nietos e hijos, con sus reuniones semanales de Canasta y té con las amigas; alguna vez nos encontramos entrando o saliendo del dormitorio, o sea, somos una familia normal en todos los sentidos.
    Al ver como se rio de mi comentario, hizo que también me riera con ganas. Faltaban pocos kilómetros para llegar a la estación de servicio, paulatinamente reduje la velocidad, no deseaba llegar, quería prolongar esto lo más posible. Ella me miró con sus ojos marrones encendidos, mientras una sonrisa cómplice se dibujaba en sus labios, bajó su mirada y su mano rozo la mía, me di cuenta de que un pequeño temblor la estremeció.
    – ¿A parte el ser ama de casa, qué haces trabajas?
    – Soy maestra pero ya no enseño: pinto por placer y alguna que otra vez vendo algún cuadro, estudio en un taller de pintura, veo televisión, reuniones periódicas con amigas; de esta manera lleno los espacios dejados vacíos por los múltiples viajes y ocupaciones de mi marido ¿Y tú de qué te ocupas?
    – Yo tengo muy pocos espacios vacíos, necesito trabajar, soy fotógrafo free lance, hago algunos  servicios para un algunas revistas y algo de publicidad, tengo un estudio en el centro.
    – Entonces conocerás muchas modelas bonitas.
    – Alguna que otra para algún trabajo, pero generalmente mis fotos son paisajes, y sobre todo reportajes.
    – Me gustaría ver tus fotos.
    –  Y a mí ver tus pinturas.
    Continuamos así hablando de un sinfín de cosas, el tiempo voló sin darnos cuenta.
    – Estamos llegando a la estación de servicio, pongo combustible al auto, luego lo estacionamos y vamos a hablar con el mecánico. ¿De paso tomamos un café y estiramos un poco las piernas te parece?
    – Si un café nos vendría muy bien.
    – ¿Los señores desean ordenar?
    – Si gracias, un café con crema y pastelitos para la Señora,  para mí un expreso y un vaso de agua mineral.
    Sentados frentes a nuestras tazas de café nos mirábamos en silencio.
    – ¿Dios qué me está ocurriendo? Siento que algo me atrae hacia él, ¿será su sonrisa o su mirada escrutadora? Algo hay no puedo dejar de hablarle, me gusta cómo me mira siento que le gusto ¡No! no puede, lo estoy imaginando, estoy dejando que la fantasía me lleve, el solo trata de ser gentil.
    ¿Qué estará cruzando por su mente? –
    – Es bella, inteligente, cuan agradable es el hablarle; sus ojos me miran y mi corazón se sobresalta ¿se dará cuenta ella de lo que siento cuando nuestras miradas se encuentran?
    –Estos pastelillos me recuerdan los que hacían las monjas del colegio para las meriendas. Con mi compañera, Fernanda, nos metíamos a escondida en el comedor y los robábamos.
    – Eres una ladrona de pasteles. – Como ríen esos ojos y como  se ilumina su boca con su sonrisa –
    – Yo de chico ayudaba al cura de la parroquia en las misas y sabes, me robaba parte de las ofertas.
    Conversaciones intrascendente, los dos hablábamos por el solo placer de hablar, nos relatábamos esas cosas que nunca se dicen, recuerdos, de un pasado, que no tienen importancia, solo el placer de hablar sin inhibiciones sin pensar, solo estar juntos.
    –La vez que con mi prima conocimos dos chicos...
    – No me interrumpa ahora me toca a mí, tú ya contaste lo tuyo.
    – Solo quería decirte de la vez que jugando Baloncesto...
    – Calla después me cuentas ahora me toca...
    –Viste la hora debemos irnos, como corre el reloj ¿no habrá una manera para detenerlo? En muy poco tiempo estaremos llegando a la ciudad.
    De nuevo en el auto, ella me hablaba, y yo casi ni la escuchaba, solo veía sus ojos. Íbamos corriendo sobre la pista de asfalto, el sol estaba bajando a nuestra derecha, iluminando de azul rojizo la campiña.
    – Es muy cómodo tu auto, me gusta.
    Continuaba escuchando su voz, mientras no podía dejar de pensar en: sus ojos, sus labios, la blusa en la que se dibujaba sus senos. Qué hermosa ¿Sospechará ella como me turba su presencia, su proximidad?
    Él me está mirando de nuevo, observa mis senos; siento sus ojos acariciar mi piel, ya no escucho lo que dice, mi corazón se acelera, ¿qué pensará de mí?
    – Mira esa granja a nuestra derecha ¿ves los cultivos de uvas? En ella se produce un fantástico vino tinto del tipo Cabernet. –Mi mano busco la de ella, la encuentro las dos se unieron y una corriente cálida recorrió mi ser.
    – Esa finca, allí abajo, con su granero en el centro me recuerda de aquella vez en que estábamos visitando, en el campo, la casa de unos amigos de mis padres y el hijo del granjero, un buen mozo de 16 años,  me dio mi primer beso, escondidos detrás de unos árboles, luego muy apenado bajó la vista y me pidió disculpas ¿Cuánto tiempo pasó? mejor ni recordar.
    – Te cuento, en la secundaria había una chica muy linda, pasé meses tratando de hablar con ella, no encontraba el coraje, al fin un sábado la invité a salir: paseamos, comimos helados, hablamos de muchas cosas; quería besarla, varias veces lo intente, pero el valor me abandonaba antes de actuar. Cuando nos despedíamos frente a su casa ella se acercó y me besó.  Más adelante hay un estacionamiento con un mirador, desde él se ver todo el valle y la ciudad, si quieres paramos y miramos el sol ponerse; es un espectáculo ver como el paisaje va cambiando de color.
    –Sí, me encantaría, vamos; ya el tiempo no importaba.
    El aparcamiento era una pequeña plaza rodeada de árboles, con servicio de agua y aire, bancos rústicos de madera, para que los conductores pudieran descansar mientras observaban el panorama, había un binocular de esos que con unas monedas te permitían acercar suficientemente el paisaje como para ver la ciudad y el valle.
    –Toda la vista es nuestra, mira como el sol colorea de rojo los bosques, ¿ves el gran río que divide la ciudad en dos partes?
    – Si es bellísimo, nunca me había parado, casi siempre estoy sola o con los chicos. –
    Con esos colores el paisaje se convertía en una pintura impresionista. Me acerqué a Dana, puse mi brazo alrededor de su cintura, ella apoyó su cabeza sobre mi hombro, quedamos los dos inmóviles, sin respirar por el temor a romper el encanto. Los minutos pasaban inexorables, sentía el corazón de ella latir, su mano estrechaba la mía ¿Será esta la felicidad? Acerqué su cara con mi mano y besé sus labios húmedos. Ella me devolvió el beso, nos abrazamos, el viento acariciaba su pelo…otro beso, otro, otro más. El sol nos miraba complacido mientras se escondía detrás del horizonte. La tomé de la mano y la llevé al auto, subimos sin hablar, solo silencio, silencios llenos de deseos.
    Otra vez corríamos sobre la lengua de asfalto que nos llevaba inexorablemente al final de nuestro encuentro. La ciudad se acercaba rápidamente, mientras la noche caía sobre nosotros. Sentí su mirada sobre mí; ya no había conversación, únicamente el silencio. Tomé su mano con la mía, temblaba, necesitaba romper el silencio que nos ahogaba.
    – ¿Quieres conocer mi estudio? queda en el camino.
    – Si quiero, lo deseo.
    Su mano llevó la mía y la dejó sobre su pierna, sus ojos brillaron, una sonrisa apareció en su cara. – Lo deseo, Dios mío lo deseo, perdóname, nunca hice nada igual, no sé explicármelo pero no puedo renunciar. – La quiero, no puedo dejarla ir, ella también lo desea. – Mi marido, mi hijo ¿qué haré? ¿Dejar una vida por un capricho? Por qué pienso esto, tengo derecho a dar un sentido a mi existencia ¡Ahora! es sólo el presente, no puedo renunciar. –
    Subimos por las escaleras, tercer piso, abrí la puerta del estudio, encendí la luz.
    – Este es mi sitio de trabajo, es el santuario donde creo mis obras de arte, mis fotos.
    – Es buen sitio, el desorden me dice que eres un buen artista.
    Su observación hizo que me riera, el humor había regresado. De nuevo la conversación se hizo alegre, como en el primer momento. Le mostré el apartamento.
    – Este es el ingreso, la recepción, un escritorio y en las paredes fotos de mis viajes.
    – Tienes una recepcionista, lo veo por las dos rosas en el florero sobre el escritorio.
    – Si, una gorda muy simpática y atenta con los clientes; éste es el estudio, una tarima al fondo con luces, spot, reflectores y todo el equipo necesario; el diván y las butacas sirven para descansar mientras se cambian las escenas o las modelas; las dos puertas del fondo, una es el baño, que sirve de vestidor y el otro el cuarto oscuro o laboratorio donde revelo y termino las fotos.
    – Quiero ser modelo de tus fotos.
    Encendí las luces y coloque los reflectores, tome mi Nikon y disparé dos fotos seguidas, luego la tomé de la mano y la traje al centro del escenario. Ella imito unas poses y yo clic, clic, clic.
    – Ahora desabrocha tu blusa.
    – ¿Así está bien?
    – No, más sexy, un botón más y baja el tirante del sostén quiero que un seno salga de la blusa.
    – Ya está ¿te gusta?.
    – Es hermoso. Clic, clic, clic.
    – ¿Quieres me quite la blusa y el sostén completos?
    – ¡Sí! tú eres la modela, inventa las poses, rápida el tiempo es oro.
    Los dos reíamos como locos. La acaricié y  la besé.  Continué con las fotos...clic, clic, clic...
    –Ahora la falda, bájala poco a poco, si mueve las caderas bajándola...clic, clic, clic...
    – Es mi turno, dame la cámara y tú te desvistes.
    Risas, abrazos, besos, risas....me quité la camisa y ella clic, clic, clic...
    –Mi bella fotógrafa ¿te gusta esta pose?
    – No, más sexy, más sexy...estos novatos nunca aprenden...clic, clic, clic.
    Besos, caricias, besos. La levanté en mis brazos la llevé al sofá. Mis manos recorrieron su cuerpo, me abrazó, sentí sus manos en mis espaldas, mi corazón aceleraba sus latidos, un escalofrío recorrió mi espalda. Como eran suaves sus manos en mi cuerpo, cuantas sensaciones, temblaba bajo sus caricias, había olvidado que era posible sentir este placer sentí llegar el clímax. Abrazados unidos, éramos uno; música celestial.
    Era noche avanzada cuando  Dana bajó del auto: una sonrisa, un gesto de saludo, le grite:
    – Hasta luego amor.
    – No dejes de llamarme quiero nos veamos.
    – Te llamo tengo tu teléfono.
    Mientras abría el portón del edificio veía como el auto de Alberto se alejaba y se desvanecía en la noche oscura.
    Buenos días ma. ¿Ya desayunando?
    – Linda mañana querido.
    – Necesito tu auto hasta el mediodía ¿me lo prestas?
    – ¿No te dije? Ayer el auto se quedó con una llanta vacía en el camino y lo deje en un taller.
    –Tienes razón yo iré a buscarlo, ya hable con Carlos paraqué me lleve con su coche.
    Señora, disculpe, la llaman al teléfono.
    – ¿Quién es, quien me llama tan temprano?
    – No entendí bien creo un tal Sr. Alberto, no sé de cual estudio fotográfico.
    –Ya le contestare en el salón… ¡No! no, espera dile que no estoy, dile que salí de viaje y no sabes cuándo regresare.


    Arnaldo Mattogno
    Revisión 3/04/2015

    jueves, 26 de febrero de 2015

    Tal para cual

    By: imagenes On: 16:20
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    Tal para cual

    Todo este embrollo comenzó unos meses atrás; aquella tarde de otoño en la que encontré a Luisa esperándome cerca de la casa.   Ella y Francisco, su marido, son mis amigos, es una amistad que viene desde la secundaria, cuando ella era la chica más hermosa e inteligente del liceo y Francisco era el capitán del equipo de Baloncesto.  Les  confieso  que  en  aquel  entonces  yo estaba enamorado de Luisa, Sin embargo eso era normal, todos, en  la  secundaria,  morían  por  una  mirada  suya.  Es evidente que semejante chica no podía fijarse en un tío flaco, narizón y con unos enormes lentes montados en la trompa; por tanto lo nuestro no fue más allá de ser un amor de hermanos. Lo más lógico era que ella y el deportista del año quedaran de novios y con el tiempo se casaran como efectivamente sucedió.
    ―¡Alberto, Alberto!
    ―Hola Luisa ¿qué haces aquí, me estás esperando?
    ―No, Alberto, estaba aquí cerca y te vi llegar ¿Francisco no está contigo?
    ―¡No! Al salir de la oficina tomamos un trago   y luego nos despedimos, yo vine para la casa ¿Qué pasa por qué esa cara?
    ―Francisco me miente…él dijo que iba a estar contigo y llegaría tarde, sospecho que me traiciona.
    ―¡No, no! seguro hay un mal entendido él te es fiel… ¿Qué haces, lloras?
    ―No es nada…olvídalo…me voy.
    ―Espera, ven, sube al apartamento, preparo un café, mientras te tranquilizas un poco; toma mi pañuelo y seca esas lágrimas. ― Como les decía, soy amigo de Francisco desde que tengo memoria, ahora somos socios en una empresa de arquitectura, soy padrino de su hijo, nadie lo conoce mejor que yo, no es un mal tío, él quiere a su mujer y a su hijo, pero no puede dejar de ser la estrella del equipo; para él es natural el perseguir  a cuanta mujer se  le acerque, y son muchas las que lo  buscan ¿Quién sino su mejor amigo para taparle las escapadas y protegerlo?
    ―¿Por qué me dijo que estaba contigo?... ¡ dónde  estará ahora?
    ― Es posible que tuviera algún compromiso de trabajo ¡Sí recuerdo! que estúpido, lo había olvidado, tenía que llevar  unos  diseños a un cliente y es posible que se quedaran a cenar  juntos, para discutir el proyecto.
    ―No sabes mentir, Alberto
    ―¿Cómo prefieres el café, con algo de leche?
    ―No gracias, un poco de azúcar nada más.
    ―Verás que al llegar tendrá una explicación, y tus temores desaparecerán.
    ―Las  excusas  nunca  le  faltan,  pero  ahora se terminó, tomo al niño y me voy.
    ―Deja de decir tonterías, lo conoces, sabes cómo es, y sabes que te ama; tú y el niño lo son todo para él. Te prometo que mañana yo le hablo y de ahora en adelante yo iré a las reuniones con los clientes.
    ―Ese sinvergüenza no merece un amigo tan bueno y fiel como tú.
    Voy a tener que hablar seriamente con ese imbécil, si no deja de meterme en sus líos de mujeres le pateo el culo. No voy a seguir su juego, el muy estúpido no se da cuenta que está por perder a Luisa.
    ―¡No son tonterías! Lloro de rabia, lloro porque ya no le gusto, ahora él busca mujeres más jóvenes; mi cuerpo ya no es el de antes.
    ―Estás diciendo un montón de estupideces, siempre has sido la más linda y siempre lo serás.
    ―¡No es verdad! lo dices porque eres bueno y eres su amigo.
    ―Lo digo porque es verdad y sabes que toda mi vida lo he pensado. ―Si ella supiera cómo me gusta, cuantas veces he soñado en tenerla en mis brazos,  sentir sus senos contra mi pecho,  besar  sus labios,  ella no sabe que cuando abraza o besa a Francisco yo siento que mi corazón sangra. Estoy  loco. Para ella soy igual que un  hermano y él es  mi  mejor  amigo ¿Cómo se me ocurren ciertos pensamientos; se dan cuenta de cuán débil es la carne?
    ―No,  linda, lo digo porque tú me gustas y siempre te he querido, ésta es la verdad.
    ―¿De veras me encuentras deseable?
    ―Olvida lo que dije, los dos son como mi familia. Es hora que regreses a tu casa, Francisco no demorará en llegar.
    ―Me iré, pero quiero que primero me beses, abrázame. .Nuestras bocas se buscaron  sentí sus senos en mi pecho, mis manos buscaron su sostén, su falda cayó al piso, mis pantalones rodaron por el suelo, abrazados caímos sobre la alfombra, la penetre, fue mía, música celestial en mis oídos…
    ―Querido, no digas nada a Francisco, ya no me importa si estaba con alguien, lo importante es que siempre regresa a mí. Yo le hablaré.
    ―Olvida esta locura, no puede ser, me dejé llevar por el momento, no está bien.
    ―No te preocupes, todo está olvidado .Nada pasó.

    Unos días después en la oficina, Francisco hablando al teléfono:
    ―Cómo estás, linda estaba esperando tú llamada.
    ― ¿Francisco, esta noche estoy sola, vienes para mi casa?
    ―Claro que sí amor, traigo el vino. ― colgando el teléfono llamó su secretaria:
    ― ¡María!
    ―Sí dígame.
    ― Localiza a mi esposa necesito hablarle.
    ― Sr. Francisco su señora al teléfono.
    ― Gracias.  Hola, Luisa
    ―Dime Francisco
    ―Amor mío, lo siento mucho, pero esta noche regreso tarde, llegó el cliente que esperaba y ceno con él, luego tendremos que revisar el proyecto ¿te importa?
    ―No, no te preocupes, primero el trabajo ¿además sabes qué voy a hacer? Llamo a Virginia y me iré al cine con ella y luego iremos a comer pizza. Ciao, te amo…


    Ahora ustedes. Estarán creyendo que Luisa aceptó el comportamiento libertino de Francisco, sin importarle nada ¡Están equivocados! Ella descubrió que podría aprovechar  las  salidas  nocturnas  de él para tener cuanto amante quisiera. De tal manera que los dos, continuaron engañándose y amándose por muchos años y les confieso que más de una vez, también yo, he tenido el placer de acostarme con Luisa…


    Fredo Nedi
    Del libro ¨Freedom¨